lunes, 31 de agosto de 2009

Sultanes del swing

que el titulo puede haber entusiasmado a los forofos de Dire Straits, pero confío en que no abandonen la lectura a pesar que desde ahora les digo, que estos magníficos músicos no son los protagonistas de este post.

Tener amigos es siempre importante, fundamental en la vida, pero si además de amigos son cómplices, no se puede pedir más, no sé si esta gente es rara avis, desde luego no es mi caso, pero nuestros amigos Félix y Helen eran de estos.

No sé cómo fue la cosa ni creo que importen los detalles, pero el caso es que, un verano, en una de esas típicas conversaciones en la piscina de la urbanización con los vecinos, llegaron a la conclusión de que en cuestión de sexo todavía, ellos y sus vecinos del portal de al lado no lo habían probado todo y al parecer tampoco estaban dispuestos a quedarse con las ganas. Unos días más tarde la conversación tuvo continuación en una terracita de verano próxima a donde vivían y el tema estrella fue el rollito swinger, es decir el intercambio de parejas y sus posibles combinaciones. Todos coincidieron en no estar todavía preparados para esas prácticas pero quizás no fuera necesario llegar a tanto. Una cena al final de verano en manos de una cocinera como Helen no podía ser más que un éxito, el vino de la cena y el cava final adornaron el escenario para que el tema favorito volviera a surgir, pero esta vez el sugerente vestido de la vecina puso evidencia que el tema la excitaba y era delatada por el vestido y por sus pezones y Félix propuso porque no hacer algo realmente excitante y a mitad de camino entre el intercambio de parejas y el sexo privado (como él le llama), la respuesta fue unánime, si.

¿La propuesta?, casi lo olvido. Era una mezcla de voyeurismo, intercambio, gang bang, no sé, decidid vosotros, pero el asunto es que los cuatro acabaron en el dormitorio haciendo el amor, pero eso sí, Félix con Helen por un lado y sus vecinos por el otro, pero unos al lado de otros, lo que según me comentó Helen, no impidió que intercambiaran caricias durante el fragor de la batalla. Desde entonces todos los meses organizaron una cena cómplice, hasta que desgraciadamente los vecinos se trasladaron a Pontevedra por motivos de trabajo, lo que no impiden que aunque más esporádicamente sigan compartiendo cama.

No te parece un muy sutil comienzo hacia una experiencia de intercambio o un trió o de ¿quién sabe?, si tú tienes otra idea u otra experiencia quizás nos puedas ayudar a quienes, aun sabiendo que es difícil encontrar cómplices, no renunciamos a estas satisfacciones, aunque nos parezcan un poco atrevidas. Cuentanos.

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